No elijas hacerte mal

Cada día tenemos muchas posibilidades de escoger entre decisiones que nos reportan
bienestar o malestar. No quiero centrarme en la culpa, o en la autoexigencia. Sino todo lo
contrario, quiero poner el foco en el autocuidado y la posible generosidad con la podemos
tratarnos a nosotras mismas.
En cada pequeña decisión que tomamos en el día a día hay implícita la capacidad de
hacernos el bien. De elegir cosas que sumen a nuestro ser. Pueden ser cosas pequeñas
pero que reporten un bienestar en un porcentaje enorme si lo hacemos desde el amor y la
generosidad a nosotras mismas.
Estas pequeñas decisiones tienen que ver con la puesta en marcha de acciones concretas.
Puede ser elegir descansar un rato en vez de seguir corriendo para de todas maneras no
terminar con todo lo que tengo pendiente. Puede ser hacerme caso cuando quiero decir que
no y no terminar diciendo que si. Puede ser simplemente preguntarme qué necesito si estoy
enfadada en vez de seguir estándolo.
Entonces, ¿Por qué elijo hacerme mal? Pues muchas veces no lo elijo, simplemente “voy en
automático” y esto me hace que frente a las mismas situaciones tome las mismas
decisiones que terminan abocadas a sentirme mal, hacerme mal y no tratarme con el amor
y respeto que merezco.
¿Qué puedo hacer para salir del modo automático? Estar presente conmigo misma.
Escuchar mis emociones y necesidades. Darme espacios de hacer cosas que me gusten,
me hagan sonreír y recordar que estoy viva. La naturaleza y el arte son dos grandes aliadas
para la toma de conciencia y fomentar acciones de bienestar con nosotras mismas.
Una pregunta que ayuda como baremos para hacerme bien es: ¿Estoy invirtiendo energía o
estoy gastando energía? Poder hacerse esa pregunta a diario y saber responder es un
ejercicio de autocuidado simple y eficaz.

Incertidumbre

Estrategias para la resiliencia

A nivel global llevamos casi dos años de reconstrucción y adaptación de nuestras cotidianidades. Muchas cosas han cambiado; la manera de relacionarnos, de cuidarnos, de mirar al otro, de estar con nosotros mismos. Nos vamos adaptando a nuevas formas de hacer las cosas, más restrictivas por una parte pero también con posibilidades.

Sobrellevar la incertidumbre no nos gusta, preferimos la inmediatez del control, nos da ilusión de seguridad creer que sabemos lo que va a pasar. No es raro que así sea puesto que nos relacionamos mucho más con dispositivos electrónicos que con personas. Con los dispositivos se nos olvida la práctica de sostener las frustraciones porque con un par de clicks hemos llegado a donde queríamos llegar. No tenemos que esperar. Y este es un punto importante; porque la incertidumbre tiene mucho que ver con saber esperar, dar tiempo y darse tiempo. ¿Tiempo para qué? Para escuchar, escucharse, sentir, tratar de entender lo que otros sienten, mirar las situaciones y personas desde varios puntos de vista. Estar en un Bioritmo natural es bailar con la incertidumbre. No sabemos lo que va a pasar. Nunca lo sabemos, podemos intentar organizarnos, crear estrategias para distintas situaciones, prepararnos física, mental y emocionalmente: por supuesto que sí. Aún así no tenemos ni idea de lo que va a ocurrir.

¿Entonces cómo sobrellevar la incertidumbre? La aceptación de que la naturaleza y el ritmo natural de las cosas tiene su propia manera de funcionar puede servirnos para adaptarnos con más tranquilidad. Entender que en momentos de crisis (cambios) estamos entre dos momentos importantes que pueden tener que ver con una reconstrucción (de identidad, trabajo, roles, relaciones, caminos) nos deja entrever que el sitio en donde estamos es un espacio de transición. Las transiciones son muy importantes y también lo es la manera en la que nos disponemos a ellas. Si entramos en una guerra con nosotros mismos la transición será dolorosa y puede confundir la creatividad necesaria que requerirá el siguiente espacio/tiempo. En cambio, si probamos ser amables y humildes con nosotras mismas y partimos de que no sabemos (y que no pasa nada por no saber) nos dispondremos a escuchar activamente. Nos regalaremos la posibilidad de creer y crear aquello que nos alinea con nuestro ser profundo.

Entender una crisis como algo que fue y ya no será puede requerir un proceso de duelo. La muerte (entendida en su significado amplio) es parte de la vida y esta última se abre camino para seguir dando pasos. Podemos dar esos pasos despiertos y congruentes o podemos darlos confundidos y enfadados. Eso sí podemos elegirlo.