Autonomía: Libertad para pedir lo que una quiere

Autonomía: Libertad para pedir lo que una quiere

¿Cuál es tu creencia asociada al pedir? ¿Qué sentimientos o emociones te invaden cuando estás en situación en la que necesitas pedir? ¿Logras hacerlo o finalmente decides hacerlo tú misma?

Todas estas preguntas son interesantes que nos las hagamos en distintos momentos de nuestra vida. ¿por qué? Pues porque nos dan información valiosa sobre si nuestras creencias nos permiten un movimiento flexible en nuestra vida o, en cambio, nos sentimos limitadas y con dificultad para delegar, pedir o incluso exigir.

Las mujeres llevamos mucho tiempo, desde que tenemos uso de razón, avocadas al cuidado de otros. En lo personal y también en lo profesional. Llevamos la responsabilidad de ser mediadioras y cuidadoras, quedando poco espacio entonces para poder pedir lo que necesitamos. Nuestra energía está en el dar.

Mucho tiempo haciendo lo mismo puede generar que nos olvidemos de que somos capaces de tener otras experiencias. Poco a poco nos vamos olvidando de nosotras mismas en roles como el de madre, esposa, trabajadora, hija, etc. y además con expectativas muy altas. Tenemos que estar a la altura. Y eso se traduce en olvidarnos de nosotras mismas, hasta el punto de sentir, pensar y realmente creer que cuando se nos pasa por la cabeza dedicarnos tiempo a nosotras mismas somos una egoístas.

Estamos con nuestra energía en dar y en cuidar y cuando se trata de nosotras mismas muchas veces nos maltratamos no durmiendo lo suficiente, no comiendo sano, evitando estar con otras personas que nos enriquecen, haciendo actividades que nos recuerdan nuestro ser mujer y seres humanos sintientes y con necesidades personales.

¿De verdad crees que puedes asumir tantas responsabilidades y cuidados hacia los otros sin poner atención en ti? Y me dirás, claro que puedo! Llevo tiempo haciéndolo. Y es verdad, pero; ¿a costa de qué y de quién? De olvidarte de ti misma.

Ser lo suficientemente autónoma, adulta para aceptar que somos mujeres y no robots teledirigidos es el primer paso para empezar a pedir lo que quieres. Utilizar nuestra voz para decir: “esto no lo quiero”, “necesito cambiar esto”, “ahora ya no me voy a encargar de esto, ¿te encargas tú?”, “¿Me ayudas?”, o “esto es responsabilidad de todos nosotros”, “esta no es mi responsabilidad, sino tuya así que te invito a que encuentres tu propia manera de resolverlo”  son nuevas formas de accionar hacia una vida sostenible, en el cual podamos conciliar nuestro rol de mujer con el resto de roles que hemos decidido desarrollar en nuestra vida.

Pedir no significa debilidad. Significa construir estrategias justas que no nos vacíen de energía que podamos reinvertir en situaciones agradables y que nos coloquen en el foco de nuestra vida otra vez. Es poco probable que si dedicas todos tus esfuerzos a cuidar de los demás y ninguno a cuidar de ti te vayas a sentir plena y realizada por más que ames incondicionalmente a quien estés cuidando. Y de eso se trata nuestro sistema de creencia, que no confundamos amor con esclavitud y dependencia emocional. Uno puede amar a otros y de todas maneras ponerse en primer lugar siempre que haga falta, siempre que sea imprescindible. Y yo te diría que es imprescindible al menos un momento todos los días de tu vida. Dedicarte un tiempo cada día te ayuda a saber cómo te sientes, qué necesitas y como pedirlo. Te acerca a la posibilidad de que no estás sola y que, si dejas de jugar a la mujer maravilla ha personas que pueden formar equipo contigo. Tu pareja, tus hijos, tus padres, tus amigos, tus hermanos, todos ellos pueden estar ahí para ti si sabes pedirlo. Si sabes poner los límites necesarios que marcan una distancia saludable entre lo que te apetece hacer y lo que te sientes obligada a hacer. Pregúntate: ¿me siento obligada porque estoy realmente obligada o porque mi creencia se volvió tan limitante y estrecha que sino hago esto me autocastigo y me siento culpable?

No es fácil cambiar el foco y volver a nosotras mismas, pero es imprescindible. Tu mujer interior, tu sabia interna te está esperando. Lleva llamándote un buen tiempo y es momento de escucharla, de volver a tu centro y desplegar todas esas hermosas herramientas que has ido tejiendo para los demás para usarlas contigo misma.

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