Autonomía: Sentir lo que se siente

Autonomía: Sentir lo que se siente

Sentir lo que sentimosen lugar de sentir lo que se supone que tenemos que sentir. A veces la distinción no está tan clara y de ahí surgen conflictos e inseguridades. Siendo un tema tan importante, vamos a intentar reflexionar paso a paso. 

La primera parte del camino sería poder dilucidar qué estamos sintiendo. Hay situaciones que son muy fáciles de sentir y que no nos suponen un problema, en cambio, hay otras que nos representan sensaciones paradójicas. Tal es el caso cuando, por ejemplo, algo nos produce placer pero nuestra mente no le encuentra la productividad. O eso que nos gusta no se traduce en beneficios económicos, ahorro de tiempo, o la consecución de un objetivo cumplido, etc. Y es que cuando queremos imponernos una determinada manera de sentir porque es lo que “nos conviene” estamos mermando nuestra intuición y nuestra conexión con quien realmente somos. No todo lo que hacemos y sentimos ha de estar enfocado a nuestra productividad. Es imprescindible poder encontrar momentos para sentir y ser sin prejuicios. Si sientes que estás desconectada de esa capacidad hay algunas acciones que pueden ayudarte:

  • Escribir lo que se te pase por la cabeza sin filtros
  • Escribir cuentos, relatos, viñetas
  • La expresión a partir del arte
  • Meditar
  • Dar un paseo, estar en contacto con la naturaleza, ir a nadar, cocinar, etc.
  • Buscar acompañamiento adecuado que te ayude a desenmarañar los sentimientos
  • Leer y dejarse llevar por la ficción como manera de permitir sensaciones nuevas a partir de relatos
  • Escribir tus sueños ni bien te despiertas para obtener información de nuestro inconsciente sin tantos filtros de la mente racional.

Muchas veces la no expresión de lo que sentimos nos lleva a acostumbrarnos tanto a negar esta faceta que nos desligamos de nosotras mismas, nos olvidamos lo que nuestro cuerpo y nuestra intuición tiene para decirnos. 

Y es como todo, cuanto menos practicamos algo se va estancado nuestro desarrollo en ese sentido. Y cuanto menos lo practicamos menos vamos a confiar en nuestra intuición, en nuestro sentir particular, nuestra visión única del complejo entramado de situaciones a las que nos enfrentamos a diario. 

Negarnos la posibilidad de sentir lo de en realidad sentimos promueve que nuestra autoestima se resienta porque a nivel inconsciente le estamos diciendo a nuestra mente y espíritu: “lo que sientes no lo valido, no tiene valor”. Quitarnos a nosotras mismas la voz tiene repercusiones impactantes en nuestra vida. Es verdad que atrevernos a ser sinceras con nosotras mismas en referencia a lo que sentimos de las personas y situaciones puede parecer que nos trae complicaciones, y es que cuando damos voz a lo que sentimos se acciona la palanca del cambio y necesitamos proveer el presente y futuro con hechos que sean coherentes con ese sentir. Estas supuestas complicaciones no son sino ajustes para partir desde un punto en el cual estemos de acuerdo con nosotras mismas. Es el esfuerzo que se requiere para encauzar nuestra vida en concordancia a quiénes somos, en cada paso del camino.

Las mujeres somos cíclicas, esto quiere decir que nuestra energía, emoción, pensamiento, aportación y capacidades van cambiando a lo largo del mes, y algunos momentos que se nos dan mejor unas cosas que otras. Obtener información en este sentido para que aprendamos a leer la información útil y certera de nosotras mismas es una estrategia útil para volver a poner en valor nuestros pensamientos, deseos, sentires y accionar en concordancia.

 Ser coherente no es misión imposible, es sí un trabajo de compromiso con una misma. Es darnos el permiso para ser quien somos, sentir lo que sentimos, decir lo que pensamos y hacer lo que creemos que nos nutre, nos hace mejores y más expansivas. 

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