La productividad: cuando nos olvidamos de nosotras por cumplir nuestros objetivos.

La productividad: cuando nos olvidamos de nosotras por cumplir nuestros objetivos.

Apenas abres los ojos empiezas a pensar todas las cosas que tienes que hacer hoy, quizá hasta pienses en actividades que has de desarrollar durante toda la semana. Piensas en todo lo que tienes que hacer y antes de salir de la cama, ya tu corazón late a mil y estás generando estrés en tu cuerpo!

Antes de ir al baño, de tomarte un desayuno, de saludar a tu día y darle la bienvenida estás pensado en lo que tienes que hacer.

 ¿Por qué nos cuesta tan poco centrarnos en lo externo y tanto en nosotras?

 ¿Por qué pensamos que todas las cosas que tenemos que hacer son más importantes que nuestro descanso, nuestra alimentación, nuestras compañías y mantener bajo nuestro estrés?

Ponernos en último lugar no es un sitio saludable en el cual vivir. Primero porque si nosotras no nos priorizamos nadie lo hará por nosotras, así que nada más empezar es una cuestión de supervivencia de nuestra salud: física y mental.

Segundo, porque “estar a tope” todo el tiempo no es viable como estrategia a largo plazo. Se habla mucho del estrés pero aún no somos del todo conscientes de lo importante que es no sentirse agobiada la mayor parte del día. Estar pensando en el futuro genera ansiedad, necesidad de controlar e intranquilidad. Una cosa es planificar y otra rumiar. Si dedicas parte de tu tiempo a planificarte, a decidir y valorar cuál es la cantidad de tiempo y energía que tienes para dedicarle a algo en concreto será mucho más fácil que llegues a tus objetivos, en pequeños pasos y sin agobio. En cambio, si lo que haces es rumiar, permitir que tus pensamientos vayan por caminos de suposiciones de las cuáles no tienes ninguna prueba de que es probable que eso o aquello pase te sentirás cansada, frustrada y estresada sin haber siquiera comenzado con la actividad.

No nos han enseñado lo suficiente a disfrutar. Nos han dicho que hay que conseguir cosas, muchas cosas y en plazos irrisorios de tiempo. Nos han dicho que todos a nuestro alrededor tienen que estar contentos y que esa es nuestra tarea (a pesar de nosotras). Nos han dado deberes y nos han informado muy poco de nuestros derechos. Y nosotras en el afán de ser independientes, de ser mujeres contemporáneas (cumpliendo una cantidad de roles que desbordaría a cualquiera), de ser buenas en todo lo que hacemos nos hemos olvidado de disfrutar. A veces nos lo permitimos y en muchos casos justo después llega la culpa. “Cómo puede ser que esté descansando, riendo, charlando, nadando, comiendo….con todo lo que tengo que ser! Qué irresponsable soy!” Y vuelta a la rueda.

Pues déjame decirte que el disfrute es imprescindible para ser. Y por lo tanto para hacer. Tienes derecho a disfrutar de lo que haces y de lo que no haces. Tienes derecho a parar, respirar, tomarte el día, o lo que sea que tu intuición te susurre.

Aprender a estar en el presente es la mejor manera de ser productivas en la actividad que estemos desarrollando. Estar en el presente significa que le estamos dedicando nuestra energía, nuestra atención, nuestra intención a algo concreto. Estar enfocadas en ese algo nos permite accionar y el accionar es una implicación física y mental que nos acerca a nuestros objetivos de una manera clara.

Disfrutar de lo que hacemos además nos ayuda a ser más productivas. A conseguir mejores resultados. A identificar con mayor asiduidad si eso que haces es lo que quieres hacer. Y sí, hay veces que hay que hacer. Pero: A VECES, no siempre, no todo el tiempo, no por defecto. Parar, planificar, decidir si eso es lo que quieres hacer o esa es la manera en que lo quieres hacer son reflexiones necesarias. Son reflexiones que para estar en nuestro centro tenemos que hacerlas cada semana. No vale la pena llenar nuestra agenda de actividades si más de la mitad no contendrán ningún disfrute. Si ocupamos mayoritariamente nuestro tiempo en acciones que no nos proveen de amor a nosotras mismas nuestra autoestima se resiente, nuestra intuición se resiente, nuestros anhelos se resienten. Y en resentimiento no nos desarrollamos, sólo rumiamos.

Date la oportunidad de producir para ti, por ti. Cambia el enfoque y empieza a dar pasos en dirección correcta. En la dirección que en el fondo, sabes que es la mejor para ti.

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