Problemas en la comunicación

Problemas en la comunicación

 ¿Te ocurre que algunas veces quieres comunicar algo y terminas comunicando algo totalmente distinto? Por ejemplo, digamos que tienes que decirle a alguien algo que sabes le va a caer mal pero para ti es imperante que lo sepa. Te preparas, aprovechas un encuentro y empiezas aunque a mitad de frase al ver la cara de asombro del otro terminas diciendo algo distinto, o suavizándolo o…..(rellena con lo que te devolvió tu memoria). 

Bien, es más normal de lo que crees. 

Para entender estas variaciones entre lo que decidimos hacer y lo que en efecto terminamos haciendo tenemos que reflexionar sobre las expectativas que tenemos con aquello que queremos comunicar y las creencias sobre los efectos que tendrá nuestra comunicación en el otro. Con esto me refiero a que nuestra interpretación de la situación muchas veces está desajustada porque puede estar coloreada de los miedos, expectativas y experiencias anteriores. Damos por sentado más cosas de las que somos conscientes y esto puede derivar en que cuando confrontamos la situación nos cuesta escuchar y ver las señales reales de comunicación verbal y no verbal del otro. 

El ejercicio sano de comunicación radica en intentar comunicar en su totalidad aquello que necesitamos que el otro sepa y después escuchar lo que el otro tiene como devolución. Parece simple, pero a la hora de ejecutar esta acción pueden saltar automatismos que funcionan como mecanismos de defensa. Estos automatismos van desde cerrar la comunicación desde nuestra comunicación no verbal (dejar de mirar a nuestro interlocutor, gesticulaciones que denotan juicio hacia el otro, etc.) hasta manifestaciones verbales tales como interrumpir al otro, interpretar lo que el otro quiere decir sin dar oportunidad real de que se exprese, etc.) ¿Cuántas veces te han dicho la frase (o te han dicho) : es que no me escuchas! 

Escuchar y comunicar de manera asertiva y sana conlleva estar dispuestos a invertir un tiempo y una energía en hacer contacto real con el otro. No podemos pretender que nos escuchen si nosotros no estamos escuchando sino sólo tratando de que hagan lo nosotros queremos o nos den la razón. Se hace imprescindible entender que nuestra realidad forma parte de un entramado muy personal en el cual están mezcladas varias cosas: objetivos, creencias, miedos, expectativas, necesidades, ilusión. Y el otro, hemos de entender que tiene su propia realidadcon el mismo complejo entramado así es que si queremos llegar a algún puerto en dónde realmente nos escuchen y nos enteremos de lo que le pasa al otro no queda otra opción disponible que dejar de querer tener la razón y realmente intentar conectar con el otro. Ya habrá tiempo de debatir, matizar, ponerse o no de acuerdo. Nada de eso es posible sino estamos conectados con nosotros mismos y con el otro. 

¿Y por qué cuesta tanto esta conexión? Pues porque percibimos nuestra vulnerabilidad y estar vulnerables con invita a quitarnos nuestras máscaras. Estar sin nuestras máscaras implica bajar nuestras defensas y no nos gusta sentirnos desprotegidos. El problema es que nuestras máscaras obedecen a determinados objetivos y protecciones y cuando la llevamos puesta probablemente nos lleva a reaccionar de una manera irreflexiva y repetitiva. Si queremos accionar en vez de reaccionar es necesario quitarnos la máscara, interesarnos en lo que el otro tiene para decirnos y decir honestamente lo que vinimos a comunicar. Al principio puede resultar complicado pero en la práctica y en la confrontación de realidades se haya la clave para que, poco a poco, nos salga de una manera más orgánica y nuestras máscaras vengan en nuestra ayuda en vez de limitarnos. 

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