Invierno. El frío y posibilidad que nos brinda siempre de buscar cobijo. Mirar hacia dentro para encontrar sentires, respuestas, acompasar nuestro ritmo real, no el de fuera.
El invierno nos da la posibilidad de recuperarnos del ajetreo, de la prisa, de lo externo. Es el espacio para recalibrar e integrar lo acontecido el último ciclo vivido.
En estas fechas también, los duelos pueden hacerse más presentes. Las ausencias más evidentes. En contraste con las luces, los festejos, los regalos y los encuentros, el duelo tiene poco espacio para expresarse. Hazle sitio.
Cada fin de ciclo es diferente, recuerda que tu proceso es único. Que este año, este invierno, esta época, es una invitación de ti para ti. Que acompañarte a ti mismo y tus necesidades vitales, a pesar de lo externo, te traerá la ecuanimidad para procesar tu pasos y circunstancias.
Después del invierno llegará la primavera, pero ahora, es invierno.
Date permiso para dejar que las emociones que hay dentro de ti se expresen. Tú eliges el canal de expresión.
Que la pequeña luz que comenzó a surgir en el solsticio vaya alumbrando y dando calor a todo lo que te convoque.
