Psicóloga especialista en relaciones dañinas y dependencia emocional | Nathalia Sócrate
Para las que sienten que algo no está bien pero no saben si es suficientemente grave · Online y Vilanova i la Geltrú
A veces el daño no se ve. Solo se siente.
Solo sabes que desde que estás en esta relación te sientes más pequeña. Que caminas midiendo lo que dices para no provocar una reacción. Que has dejado de ver a ciertas personas, de hacer ciertas cosas, de ser cierta versión de ti misma. Que cuando estás sola te sientes culpable, y cuando estás con él también.
Que hay momentos buenos, momentos en que todo parece estar bien, y eso hace que te preguntes si estás exagerando. Si el problema eres tú.
No estás exagerando. Y el problema no eres tú.
Lo que describes tiene nombre. Y merece acompañamiento, aunque nadie a tu alrededor lo vea, aunque tú misma no estés segura de lo que está pasando.
Quizás no lo llamas maltrato. Quizás no sabes cómo llamarlo. Y está bien. No tienes que ponerle nombre para pedir ayuda.
Señales de que puede estar pasando algo que merece atención
No hace falta que haya pasado algo concreto para que tu malestar sea real. Estas son algunas de las experiencias que traen a consulta las mujeres con las que trabajo:
· Sientes que tienes que medir cada palabra para no desencadenar un conflicto.
· Con frecuencia acabas pidiendo perdón sin saber muy bien por qué.
· Tienes la sensación de que nunca es suficiente, de que siempre hay algo que estás haciendo mal.
· Has dejado de ver a amigos o familia, y no del todo por decisión propia.
· Tu estado de ánimo depende casi por completo del humor de tu pareja.
· Dudas constantemente de tu memoria, de tu percepción, de tu criterio.
· Hay una versión de ti misma — más libre, más segura, más alegre — que hace tiempo que no aparece.
· Piensas en irte pero no puedes. O no sabes si tienes derecho a hacerlo.
· A veces sientes que te quiere, y eso hace que todo lo demás parezca menos grave.
Si te has reconocido en alguna de estas frases, no estás loca. No estás exagerando. Tu sistema nervioso está respondiendo exactamente como responde cualquier persona que vive en un entorno de tensión constante e impredecible.
Por qué cuesta tanto verlo — y más aún salir
Las relaciones dañinas raramente empiezan siendo dañinas. Empiezan con mucha intensidad, con la sensación de haber encontrado a alguien que te ve de verdad. El daño se instala poco a poco, tan despacio que cuando te das cuenta ya llevas tiempo adaptándote a algo que no debería ser normal.
Y entonces aparece la duda: ¿esto es suficientemente grave? ¿No estaré exagerando? ¿No será que yo también tengo parte de culpa?
Esa duda no es tuya. Es parte del patrón.
Las relaciones donde hay control, manipulación o maltrato psicológico funcionan precisamente erosionando tu capacidad de confiar en tu propia percepción. Se llama gaslighting, y es tan efectivo que muchas mujeres tardan años en reconocer lo que estaban viviendo.
Y luego está el vínculo. Porque sí, probablemente le quieres. O le has querido. O una parte de ti todavía espera que las cosas vuelvan a ser como al principio. Eso no significa que estés equivocada ni que seas débil. Significa que eres humana, y que el apego funciona así, especialmente cuando ha habido alternancia entre el daño y la ternura.
Salir — o simplemente entender qué está pasando — no es una cuestión de fuerza de voluntad. Es un proceso que necesita acompañamiento.
Qué pasa en consulta
No tienes que llegar con las ideas claras. No tienes que haber tomado ninguna decisión. No tienes que saber si lo que estás viviendo «cuenta» como suficientemente grave.
Puedes llegar simplemente con la sensación de que algo no está bien.
En consulta trabajo desde una formación especializada en trauma, duelo y violencia de género, integrando la psicología analítica profunda y el enfoque humanista. Eso significa que entiendo lo que hay detrás de estas dinámicas — no solo a nivel emocional, sino también en el cuerpo y en la historia de cada persona. No hay un protocolo ni un camino predefinido. Hay un espacio donde puedes empezar a escucharte sin miedo a lo que vayas a encontrar.
Algunas de las cosas que solemos trabajar:
· Recuperar la confianza en tu propia percepción.
· Entender los patrones que te han llevado a esta relación y lo que dicen de tu historia.
· Trabajar el miedo, la culpa y la vergüenza que suelen acompañar estas situaciones.
· Procesar el impacto emocional y en el cuerpo de haber vivido en tensión constante.
· Tomar decisiones desde un lugar más tuyo, sin presión externa ni interna.
· Reconstruir tu identidad más allá de la relación.
El objetivo no es decirte lo que tienes que hacer. Es que puedas verte con más claridad y actuar desde ahí.
Cuando los hijos también se convierten en parte del daño
Hay una forma de violencia que muchas mujeres no reconocen como tal porque no siempre es dramática ni evidente. Se llama violencia vicaria y consiste en utilizar a los hijos como herramienta de control, presión o daño hacia la madre. No siempre se manifiesta en situaciones extremas. A veces aparece en gestos cotidianos que, vistos por separado, parecen insignificantes: · Hablar mal de ti delante de los niños, minando tu autoridad o tu imagen como madre. · Usar las visitas o los horarios de los hijos como forma de presión o castigo. · Implicar a los niños en conflictos de pareja, haciéndoles transmitir mensajes o ponerles en medio. · Amenazar con quitarte la custodia en momentos de discusión para generarte miedo. · Mostrar ante los hijos una versión de sí mismo completamente diferente a la que tú vives, dejándote sin testigos y sin credibilidad. · Usar el tiempo con los hijos para vigilarte, controlarte o mantenerse presente en tu vida cuando ya no quieres que lo esté.
Si reconoces alguna de estas situaciones, es importante que sepas que no estás sobreinterpretando. Lo que describes tiene nombre, y cada vez hay más reconocimiento social y legal de que este tipo de daño es real y grave.
El impacto sobre ti y sobre tus hijos merece ser atendido. En consulta puedo acompañarte a identificar estas dinámicas, entender cómo te están afectando y encontrar, juntas, un lugar más claro desde el que tomar decisiones.
Una nota sobre los recursos públicos
Si estás en una situación de peligro o necesitas ayuda urgente, los recursos públicos existen para eso y te animo a usarlos sin dudarlo.
— Teléfono 016
Atención gratuita, confidencial y disponible las 24 horas para mujeres víctimas de violencia de género. No aparece en la factura del teléfono. También atiende consultas relacionadas con menores que conviven con situaciones de violencia.
— violenciagenero.igualdad.gob.es
La web oficial del Gobierno de España con información sobre derechos, recursos organizados por comunidad autónoma, ayudas económicas y orientación legal. Si no sabes por dónde empezar, es un buen primer lugar.
— WRAP (Web de Recursos de Apoyo y Prevención)
Directorio oficial con recursos especializados por provincia: atención psicológica, jurídica, social y de acogida. Accesible desde violenciagenero.igualdad.gob.es o buscando «WRAP violencia de género».
— Atención específica para menores
Los servicios de atención a víctimas de violencia de género incluyen también atención psicológica especializada para hijos e hijas. Si tienes menores a tu cargo que están viviendo o han vivido esta situación, puedes solicitarlo a través del 016 o de los servicios sociales de tu municipio. En Cataluña puedes consultar a través del Institut Català de les Dones (icd.gencat.cat).
Lo que yo ofrezco es diferente y complementario: un espacio terapéutico privado, continuo y personalizado para mujeres que quieren entender lo que están viviendo, procesar su historia y recuperarse a su ritmo.
¿Funciona la terapia online para esto?
Sí. La terapia online es igual de efectiva que la presencial y permite hacer el proceso desde tu propio espacio. Trabajo con mujeres de toda España a través de videollamada.
Si vives cerca de Vilanova i la Geltrú, también puedes optar por sesiones presenciales o combinar ambas modalidades según lo que mejor se adapte a tu momento.
Da el primer paso — aunque no sepas todavía qué nombre ponerle a esto
No tienes que llegar con un diagnóstico ni con una historia ordenada. Puedes llegar con la duda, con el cansancio, con esa sensación de que algo no cuadra pero no sabes exactamente qué.
Ofrezco una primera sesión de 20 minutos gratuita para que puedas contarme qué te trae y ver si conectamos antes de tomar ninguna decisión.
No tienes que tenerlo claro. Solo tienes que dar ese primer paso.


