El sentimiento de culpa puede pesar más que la racionalidad o la intuición. Es una sensación que llena todo el espacio disponible. Es como si una bruma pesada se apodera de una, perdiendo completamente la perspectiva. Sólo cabe obedecer a ese sentimiento, a esa llamada a la acción que, en muchos casos, sólo puede ir en contra de nuestras necesidades. No hablo de necesidades superfluas comandadas por el ego, sino de aquellas necesidades que son clave para sostener y alimentar nuestra paz, nuestro centro, nuestra salud psíquica y física.
Algo dentro de nosotras sabe perfectamente que estamos yendo en contra de esas necesidades, pero no podemos evitar tomar el camino que nos lleva a cumplir los roles que se alimentan del sentimiento de culpa. Esos roles que nuestra psique ha aprendido e integrado para sobrevivir a diferentes situaciones que fueron estresantes, que necesitaban una urgente compensación psicológica para seguir hacia adelante.
Hay un momento en la vida, para muchas personas ocurre en la mediana edad, en dónde esa llamada del hacer para alimentar el sentimiento de culpa se vuelve cada vez más pesada. Nuestra intuición va haciendo presencia rebelde y nos produce irritabilidad o somatizaciones para que podamos parar y escuchar.
Se hace imperante cuestionarnos los roles que ejercemos, como todo en la vida, necesitamos actualizar nuestro software vital y reconocernos nuevamente.
Empezar a poner límites, aunque nos parezcan ajenos incluso a nosotras mismas si eso nos da paz interna (afuera seguramente habrá caos durante un tiempo). Y ahí es donde cuesta sostener. Cuando cambiamos el rol, la dinámica de sostener el afuera para sostener el adentro habrá quejas, reproches, silencios y otras reacciones normales que surgen del miedo y la pérdida de privilegios. No ceder a las pataletas de afuera hará que recuperemos nuestra energía vital. Reconozcamos lo que necesitamos en este momento de nuestras vidas. Hará que se vayan erigiendo los límites que nos dan paz, que nos enseñan nuestro nuevo biorritmo y el espacio personal que ahora necesitamos. El afuera se irá colocando poco a poco.
Sostenerte a ti misma es algo que nadie puede hacer por ti. Y cuando aprendemos a hacerlo a nuestra manera única y original, puede ser muy placentero.
Seguir en el camino del sentimiento de culpa solo nos lleva al agotamiento, a sostener aquello que hace tiempo ya no se sostiene solo y hay que dejar que pase lo que tenga que pasar.
Puedes elegirte a ti, en medio del caos, muchas más veces de las que imaginas.
